El periodista gallego Victoriano García Martí homenajeado en el Ateneo de Madrid

La figura del periodista Victoriano García Martí (A Pobra do Caramiñal, 1881- Santiago, 1966), fue homenajeada el miércoles en el Ateneo de Madrid, con la presentación del libro “Por los caminos del siglo XX, Obra periodística olvidada (1914-1963), del que es autora Arantxa Fuentes, y en el que recoge sesenta artículos del también escritor y ensayista gallego, resultado de una larga investigación sobre su intensa labor académica, social y política apenas reconocida.

Arantxa Fuentes es doctora europea en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Santiago de Compostela, y durante los últimos años ha dedicado parte de su actividad a recuperar la obra del periodista gallego. Los textos recogidos por Fuentes aparecieron en El Pueblo Gallego, El Liberal, La Voz, ABC, La Vanguardia Española, Vida Gallega, La Noche, Diario de Galicia, Novedades y El Alcázar.

Ateneo_MadridPara FuentesVictoriano García Martí fue un intelectual de múltiples aristas, al tiempo que de una profunda sensibilidad ética y estética. “Un agente cultural, un intelectual comprometido, así como una voz reconocida y valorada entre la inteligentsia de la época”. Tras el análisis de su obra, la doctora gallega destaca que “García Martí acompañó su producción ensayística y literaria de una profusa actividad periodística que, a través de distintas temáticas y casuísticas, permite captar la finura de su inteligencia, su sensibilidad y su profundo humanismo”.

Sin embargo, su aportación a la prensa no procede solo de sus publicaciones, sino de “su defensa del periodismo como labor fundamental para la construcción de una sociedad avanzada”. Así, la autora recordó que García Martí fue el promotor del primer Congreso de periodistas gallegos celebrado en Santiago de Compostela, en 1921, con el que se planteó mejorar la profesionalización del gremio de periodistas y cuyo objetivo era “tratar todos aquellos asuntos de carácter profesional que afecten al bienestar de los periodistas y a su respetabilidad”. También habló de su intervención en el debate sobre la función de la prensa en la sociedad en las comisiones de la Pro Sociedad de Naciones, en 1929, que supuso “uno de sus más firmes alegatos a favor de la libertad de prensa y su papel fundamental en la cooperación internacional.”

Su participación dentro de la vida intelectual le llevó a formar parte de una de las instituciones más ilustres de Madrid, el Ateneo. La autora recordó que “su actividad en esta casa tuvo una identidad propia que merece ser tan recordada como valorada”. Al Ateneo le dedicó los mejores años de su vida y sus mayores esfuerzos, promoviendo actividades de diverso tipo y tejiendo una sólida red cultural, ya que “para García Martí significó el espacio de libertad, cultura y compromiso que precisaba la España del momento; un salvavidas ante la oscura deriva de los acontecimientos”, remarcó Fuentes. Una trayectoria intelectual que fue interrumpida abruptamente por su detención y su posterior estancia en prisión entre 1937 y 1939 a causa de “estar afiliado al partido de Izquierda Republicana, ser secretario del Ateneo y escribir en periódicos de izquierda”. Tras su salida del penal de Burgos, a partir de los años 40, abandona prácticamente por completo los artículos de corte político y reivindicativo, tan presentes en los años 20, para centrarse en cuestiones etnográficas e históricas, profundizando más en temas de carácter filosófico e histórico. La censura y las decepciones personales se combinaron para mermar su impulso europeísta y reformador.

La autora subrayó que el paso del periodista gallego por París y Bruselas fue clave para su formación y pensamiento. “García Martí se formó al lado de los filósofos y sociólogos más relevantes en la Francia de la época […] además frecuentó las tertulias más concurridas y se codeó con figuras como Julio Camba, Gómez Carrillo o Rubén Darío”. García Martí se convertía así en un pensador europeísta en cuyo ideario convergerían tres corrientes: el bergsonismo, la Institución Libre de Enseñanza y el Rexurdimento Galego, según comentó Arantxa Fuentes. De estos tres ejes extrajo su concepto de cultura y educación. “Su concepción de ‘libertad de expresión’ y `libertad de prensa´ bebe raíces noventayochistas, abogando por la férrea independencia del pensamiento crítico y por una voz pública impregnada de un profundo sentido ético […] García Martí destacó desde muy temprano por defender la teoría del atlantismo, la diversidad cultural de España y la necesidad de una urgente modernización galaica”.

El acto contó con la intervención del presidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), Nemesio Rodríguez, quien recordó a García Martí como “una figura de febril actividad lamentablemente olvidada por la historia de la literatura y del pensamiento”.

Para Rodríguez, los artículos recogidos en esta obra “reflejan el alto valor intelectual de García Martí y el peso e influencia que tuvo en los círculos intelectuales de Madrid y Galicia. Una trayectoria que fue interrumpida abruptamente por su detención y posterior estancia en prisión.”

Además, el presidente de FAPE destacó, al igual que Fuentes, la importancia que tenía para el periodista gallego la presencia de la prensa en la sociedad. “Defendía la importancia de la prensa como motor fundamental de modernidad y de democracia, un papel que no es posible sin libertad”. Afirmó también que “leyendo sus artículos, encontramos grandes diferencias con el periodismo actual, en el que no mezclaba información con opinión, si no que expresaba su total independencia a la hora de escribir”.

El presidente del Ateneo de Madrid, Luis Arroyo Martínez se refirió a García Martí como “una figura fascinante por lo que tenía de innovador y por todo lo que aportó al Ateneo, en una España que estaba en plena ebullición, algo que reflejó en sus crónicas y en sus reflexiones, que están muy pegadas a esta casa”.

Victoriano García Martí

Victoriano García Martí desarrolló una prolífica obra que abarca desde la escritura literaria, a ensayos filosóficos, etnográficos o de análisis político. Fue secretario del Ateneo bajo los mandatos del conde de Romanones y Valle-Inclán, además de vocal con Miguel de Unamuno, al tiempo que consagró un libro a la memoria de la institución, El Ateneo de Madrid (1835-1935). Fue corresponsal en el desaparecido periódico de La Voz, donde tenía una columna asignada bajo el título de “Glosas”, además de colaboraciones regulares en El Liberal, La Noche, El Pueblo Gallego, El Compostelano, ABC, El Heraldo o La Vanguardia Española, además de ciertas revistas como Novedades, el Boletín del Lar Gallego o Cartel: revista de la vida gallega.

 

Este homenaje ha sido promovido por la Asociación de Periodistas de Santiago de Compostela (APSC).


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